sábado, 4 de marzo de 2017

EL LAVADERO DE LA PUERTA DEL SOL



Lavadero de la Puerta del Sol: ¡Nada más, pero nada menos…!  Probablemente este sea uno de los sitios más fascinantes de Granada, con una de las mejores vistas de la ciudad, y sin duda uno de los lugares más desconocidos no sólo para el visitante foráneo sino para los propios habitantes de la ciudad.
Este espacio que aparece en las guías turísticas de Granada, carece de cualquier tipo de señalización que haga posible a los visitantes llegar hasta él y disfrutar de unas espectaculares vistas de la ciudad. Te recomendamos, oh, viajero, que cuando subas al lavadero de la Puerta del Sol lo hagas acompañado y con la geolocalización apuntada en el teléfono móvil, para no perderte por las intrincadas callejuelas del Realejo.


Las vistas desde este lugar son hermosas, destacando la torre inacabada de la Catedral, el Realejo y la Sierra; afortunadamente el entorno sigue más o menos como hace 100 años. A grandes rasgos, podríamos decir que sigue respetándose la arquitectura y el paisaje.

El Lavadero es de origen Judío del siglo XVII y estuvo funcionando hasta el año 1965, dotado con canalizaciones públicas al carecer antiguamente las casas de agua corriente. Desgraciadamente este es el único de los lavaderos de esta clase que ha llegado en pie hasta nuestros días.




Justo en este lugar estaba ubicada la antigua puerta de la muralla árabe conocida como Puerta del Sol, de Oriente o del Mauror, (Beb-Mawrur) y que fue demolida en 1867. Este trozo de Muralla partía desde Torres Bermejas y llegaba a lo que actualmente es el palacio de Bibataubín, es decir la Diputación.



¡AY, AQUELLA GRANADA DE LAVADEROS Y ALJIBES…!

El número de lavaderos, como el de aljibes, fue tan numeroso como lo demuestran  los nombres de algunas calles de nuestra ciudad:  Lavadero de San Agustín (desde la placeta de este nombre a la calle de San Jerónimo), Lavadero de las Manchegas (desde la calle del Correo Viejo a la Cuesta de Marañas), Lavadero de las  Méndez (por la Cuesta de la Alhacaba), Lavadero de la Cruz (entre la calle del Boquerón y la calle de San Juan de Dios), Lavadero de Zafra (desde la placeta del Azúcar a la calle de Navarrete) o Lavadero de Santa Inés (que sube desde la Carrera del Darro), acreditan, entre otros, la abundancia de este tipo de servicios públicos de limpieza e higiene en la Granada de tiempos pasados.


En la “Gacetilla Curiosa, o semanero granadino, noticioso y útil para el bien común”, del fraile trinitario Antonio de la Chica Benavides - uno dos primeros periódicos aparecidos en nuestra capital-, pueden leerse en el número de abril de 1764, que “en el Labadero de Santa Inés, Diego Bueno de Nación Francés, bufca amó para fervir de lacayo”. En el mes de mayo del mismo año y en la misma publicación se anuncia el arriendo de un Molino de Pan en el lugar de Jun. “Quien lo quiera, fe verá con Don Pedro Valverde, en la calle del Lavadero de Zafra, en el Boquerón del Darro”.


Hoy, en la placenta Puerta del Sol, aún se conserva este bello y grácil ejemplar de lavadero público del siglo XVII, muy interesante, con columnas toscanas, todo en piedra de Sierra Elvira incluidos los lavaderos originales, con canales de evacuación de las aguas residuales. Sobre las columnas una airosa armadura de madera y cubierta de tejas árabes.

El lavadero en cuestión fue muy bien restaurado no hace muchos años y es, desde luego, un elemento importante del mobiliario urbano idílico que ha llegado -afortunada y casi milagrosamente- hasta nosotros. Es el único que queda en  la ciudad de los muchos que anteriormente hubo, dispuestos por las autoridades para las necesidades del vecindario. Digna de atención la correcta integración del viejo lavadero en la pintoresca placeta donde se conserva.



NITO

Bibliografía.-
“Guía de Granada” de Gallego Burín

“Un Siglo que se va” de Juan Bustos

sábado, 21 de enero de 2017

EL ALCORÁN MORISCO DE LAS ESCUELAS PÍAS


La Biblioteca de las Escuelas Pías de Granada, hoy una de las más importantes de la ciudad, que se encuentra situada en el antiguo Convento de San Basilio Magno, cedido junto con su huerta a los Padres Escolapios por los Duques de Gor en 1860 para el establecimiento en él de su Colegio, guarda entre sus muchos tesoros no menos dignos de mención, un precioso alcorán morisco que había  sido hasta ahora ignorado por los arabistas de esta ciudad.

No es un hecho aislado, lógicamente. Hallazgos similares, ya en nuestros días, al restaurar la Aljafería de Zaragoza, ocultos en el artesonado, aparecieron dos Coranes, uno en pergamino y otro en papel. En Calanda (Teruel), en Aitona (Lérida, 1961), en Ocaña (Toledo, 1969) o en Morata del Jalón (Zaragoza, 1993), o el encontrado en Cútar (Málaga). Y esto sólo por mencionar algunos.



NOTICIA DE SU HALLAZGO Y POSIBLE ORIGEN

El manuscrito pertenece a la Biblioteca del colegio de los Padres Escolapios de Granada, cuyo antiguo sello ostenta en sus  folios en los que puede leerse:
“AD MAJUS PIETATIS INCREMENTUM
*JLLIBERIS* MPӨ ”

 y consta su existencia en ella al menos desde el año 1911 según noticia de la Guía de Granada que se publicó en ocasión del III Congreso de la Asociación Española para el progreso de las ciencias.
Durante mucho tiempo se trató de ampliar estos escuetos datos consultando otras guías de Granada como la de Don Manuel Gómez Moreno, que se publicó en el año 1892,  o la de Don Luis Seco de Lucena Escalada, que lo fue en el 1909 en la que para nada se habla de este alcorán. Sí se le cita sin embargo, es la guía de Don Antonio Gallego y Burín, cuya primera edición se publicó entre los años 1936 y 1944, aunque sus datos, que parecen proceder de la guía de 1911, no  aportan nada nuevo. Dice así:

“Así como un interesante Korán encontrado en unas excavaciones”

Esta breve  noticia resulta tan vaga que da la sensación de que en realidad el autor no tenía información precisa de su origen. En principio llama la atención que el techo se sitúe en el Albaicín, sin dar ninguna otra precisión, pero lo que sin duda resulta más inverosímil es que el manuscrito se encontrase en una excavación que, en el justo sentido de la palabra, ha de hacerse bajo tierra, donde el papel no se conserva.
Es por esto por lo que adjuntamos la posibilidad, que nos parece mucho más creíble, de que se encontrara en un derribo, escondido en la alacena tapiada de un muro de cualquiera de los muchos edificios que en esta época se destruyeron en la ciudad, y que en su mayor parte afectaron a la apertura de la Gran Vía. Esta forma de hallazgo ha sido siempre bastante corriente, y aún en nuestros días no resulta rara, aunque el hallazgo suele ser múltiple, presentándose varios libros y documentos, que en este caso pudieron destruirse o dispersarse.



DESCRIPCIÓN DEL MANUSCRITO

Trascribimos de Ángel C. López (“El alcorán morisco de la Biblioteca de las Escuelas Pías de Granada”) de la Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino:

<< La encuadernación es original, en cartera de cuero marrón, con adornos repujados y refuerzo interior en arpillera. Consta el volumen de XI cuadernillos de cinco pliegos cada uno, el último de ellos completo, que hacen un total de 108 folios sin numerar de papel grueso y de buena calidad.

La conservación del cosido original y de las tapas es bastante deplorable, pero la del papel es excelente, excepción hecha del folio primero y de los dos últimos, que están sueltos y algo mareados, así como de algunas manchas de humedad en los bordes.
Sus dimensiones son 200 x 190 mm., las de papel, y de 170x120 mm., las de la caja de escritura, con hasta trece líneas por página. La escritura, en tinta negra, es magrebí, de traza andalusí y de tipo mabsūt, grande, muy clara y cuidada en la puntuación y con vocalización en rojo, siguiendo los títulos en letra cursiva, simple e irregular, de color ocre, sin puntuar ni vocalizar. Todo está escrito de una misma mano, excepto alguna que otra nota marginal que aparece accidentalmente.
Dos notas repetidas dicen:

 “ Así exterminará Dios a los infieles”
 “ No hay obstáculo para el ciego, ni tropiezo para el cojo, ni para el enfermo herida”

Tiene al comienzo (folio primero) una sencilla orla que envuelve al primer título, y una viñeta en círculo al margen derecho, decorada con motivos geométricos, la cual se repite periódicamente con diferente decoración a lo largo de todo el texto para indicar la división de este con los 60 hizb, todo ello en colores verde, rojo, ocre y negros. Hay además otra división menor que se indica con una serie de mojoncitos de color ocre intercalados en el texto.



IDENTIFICACIÓN DE LA OBRA

Se trata, pues,  de un alcorán morisco que debió constar originalmente de tres  volúmenes y del que sólo se conserva el tercero de ellos, que es el que aquí analizamos, y que comprende desde la azora XXXVIII hasta la CXIV y última, ambas inclusive, completas y sin lagunas. El texto  carece de cualquier tipo de indicación que pudiera hacer referencia al lugar, fecha un hombre del copista, datos que quizás se encontraban consignados en el primer volumen de la obra o en alguna de las hojas del último cuadernillo que faltan en nuestro códice. Con todo y basándonos en sus características formales, parece razonable ficharlo al menos en el siglo IX de la hégira/XV de la era cristiana, es decir en los años inmediatamente anteriores o posteriores a la toma de Granada.

Como suele ser habitual los títulos de las azoras coránicas difieren en algunos casos de los que hoy se dan en las ediciones más autorizadas. Vg. Es de notar que la azora XXXVIII, la primera del manuscrito, es llamada en éste “Azora de David”, cuando en las ediciones actuales se le suele llamar “Sād.
Hay también diferencias importantes que afectan a los usos ortográficos, que en general tienden en el manuscrito a restablecer algunas vocales largas, con la particularidad de que utiliza la damma tanwin y la kasra tanwin a principio y mitad de palabra, lo que puede ser indicio de una pronunciación dialectal.
Igualmente hemos observado diferencias que afectan al recuento de las aleyas de cada azora.


Sí bien es verdad que la importancia de cualquier códice reside ante todo en la obra que en él se contienen, no lo es menos el que existen otra serie de hechos que contribuyen a acrecer o a mermar el valor del mismo, y que en ocasiones son los que más nos interesan.

Hay en primer lugar un indudable valor paleográfico al que se añade el filológico y el exegético, pero en este caso queremos que priva sobre todos el valor histórico y sentimental, pues nos hallamos ante un alcorán morisco granadino de cierta calidad, lo cual no suele ser muy frecuente. Recordemos que la gran mayoría de los libros religiosos, de la ciudad fueron dados a las llamas en la plaza Bibarrambla por orden del Cardenal Cisneros. Ante esto hemos de lamentar que la obra no esté completa y que no se nos hayan conservado los dos volúmenes anteriores>>.


NITO

sábado, 7 de enero de 2017

EL DEMONIO DE LOS AIRES



Ya se cuenta como una leyenda urbana más  de las muchas que tiene Granada. Y no te extrañe, distraído lector murguero, que cualquier día la encuentres publicada en alguna antología de cuentos clásicos granadinos.
Esta leyenda tiene que ver con nuestras fiestas mayores y el entusiasmo que mostró siempre nuestra ciudad por los espectáculos aéreos.
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Así, una de las anécdotas más singulares que registra la “aeronáutica” granadina fue en 1899. En aquel año el Ayuntamiento contrató en Murcia al Capitán Vilaregut, quien se comprometió por la nada módica cantidad de 500 pesetas a elevarse con su globo desde el Embovedado.
Tan singular acontecimientos tuvo lugar el 7 de junio ante la mirada atónita de un gran gentío.
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El murciano preparó durante varias horas su globo y finalmente, vestido de marinero, Vilarregut se colgó a un trapecio que pendía del aerostato y soltó amarras. El ingenio se elevó majestuosamente en el cielo de la ciudad por el que estuvo circulando para disfrute de los granadinos, haciendo piruetas y cabriolas, durante algo más de una hora.


Lo anecdótico, y ciertamente gracioso, tuvo lugar durante el incontrolado descenso. Un golpe de viento en dirección no prevista y la improvisación del acróbata aéreo hizo que el descenso se produjese en el corazón mismo del Albaicín, en mitad de la popular calle de San Juan de los Reyes, sobre la azotea del convento de la Presentación.


Las monjas de la comunidad fueron presa del pánico, en especial la reverenda que dio la voz de alarma cuando a gritos de: “¡Un demonio, Madre, un demonio!”, cuando pudo comprobar que un extraño individuo vestido de marinero, llegaba, como caído del cielo. Según narran las crónicas del suceso, “el sobresalto de la comunidad fue extremo cuando las religiosas pudieron ver descendiendo por la cuerda de arrastre del globo hasta la terraza del convento, a un personaje extrañamente vestido, que tomaron por el mismísimo demonio”.

Al día siguiente –el Defensor de Granada-, a modo de caroca, dedicó al curioso acontecimiento una estrofa que tituló “Por los aires”, y que decía así:
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Se elevaron por los aires
un marinero de carne y hueso,
y en un convento de monjas,
tomó tierra desde el cielo.
La comunidad creyó
ser el diablo el viajero,
y en un año no se curan
del susto que recibieron.


El aerostero Vilaregut, fue recordado en Granada durante mucho tiempo, y con buena razón, como “el demonio de los aires”.
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NITO

miércoles, 28 de diciembre de 2016

LA VIEJA CASONA NOBILIARIA


Toquemos madera. Así comenzaba el cronista Juan Bustos el presente trabajo, dado el escepticismo  y el desencanto que le producían los encargados de velar por nuestro patrimonio monumental:  

“Toquemos madera. Aires de desinterés, vencimiento y semiabandono, rondan últimamente por este interesantísimo edificio en la calle o cuesta de Horno de la Merced, entre la plaza de ese nombre y la calle de Elvira. No exageramos sin incluimos esta vieja y noble casona en la cada vez más menguada lista de casas castizas que aún pueden verse en Granada.



En el libro de María Angustias Moreno Olmedo dedicado a la “Heráldica y Genealogía granadina”, se consigna la finca como solar de dos ilustres familias: los Muguera Cattaña y los Barreda o Barrera, quienes, por cierto, adoptaron está arrogante leyenda para su linaje:

“Entrepeñas y tormentos soy lanzado,
jamás de vencimiento so juzgado”.


Los dos escudos que campean sobre la puerta, recuerdan aquellos primeros lejanos propietarios. Entre ambos escudos un interesante bajorrelieve de caracteres geométricos y debajo otro escudo más pequeño, el de la Santa Inquisición. Todo ello en piedra de Sierra Elvira. De admirar también las excelentes rejas que se abren a la fachada, con buenos hierros carceleros de forja, dos en los ventanales grandes y otra en el inferior, más pequeño.



En el cuerpo superior de la casa, una galería con arcos de medio punto, sin duda con antiguo uso como tendedero o depósito de frutos. El tejado, de teja curva árabe, arranca de una cornisa sostenida por canecillos de madera. Un amplio zaguán abre el interior del edificio, con empedrado antiguo y en el lateral un apeadero o poyo hecho para bajarse más fácilmente del caballo.


El patio, con columnas en piedra de Sierra Elvira, tiene una galería con pilastras, y canecillos de madera tallados según la tradición morisca. En la parte posterior, un pequeño patio de servicio y un jardín de dimensiones reducidas. Buenos elementos los de esa antigua noble casona, cuyo destino ojalá no esté pronto a consumarse. Pero los síntomas, amigos, son preocupantes”.

El antiguo tendedero o almacén ha sido transformado en este cálido salón.


Afortunadamente, ya ve mi querido cronista de la ciudad, no se cumplieron, esta vez, sus pesimistas prejuicios. La vieja casona nobiliaria sigue en pié, yo la ví y la toqué, remozada y gozando de buena salud. Pero también añadiré que está en venta. ¡Toquemos madera…!



NITO


lunes, 31 de octubre de 2016

BELLO GESTO AERONÁUTICO

La avioneta protagonista: La Jodel  EC-ALU

Corría el mes de Septiembre del año 1957 cuando en la calurosa noche  granadina, las emisoras de radio, tanto las oficiales como las de los radiaficionados, parecieron enloquecer: El niño Juanito se moría por falta de un medicamento que en España no se encontraba.
Un póker de ases, arropados por infinidad de granadinos, saltó a la palestra dispuestos a todo.
Transcribimos de la Edición del Diario “Patria” del 3 de Septiembre de 1957, que con grandes titulares, anunciaba:

LA VIDA DEL NIÑO JUANITO DEL PINO PÉREZ, EN PELIGRO.
EL SEÑOR MARTINEZ CALISALVO  DIO LA VOZ DE ALARMA, EN EL MUNDO.
LA EMISORA SINDICAL REALIZO EL LLAMAMIENTO DE SOCORRO.
DON JUAN ESPADAFOR, EN SU AVIONETA, TRAJO LOS MEDICAMENTOS DESDE TÁNGER.
INTERVENCIÓN DE LOS DOCTORES LOPEZ FONT, PÉREZ OLIVARES, TERCEDOR Y OSUNA.

De nuevo salió la petición para los radioaficionados. Esta vez intervinieron dos: el doctor don Eduardo López Font, a través de su emisora EA7- DE, quien llamó a Italia, Francia y Norteamérica, y el señor  Martínez Calisalvo, con su EA7-1E, que repetía sus llamadas hacia Tánger y Melilla principalmente.


Un modelo Jodel francés remotorizado

RESULTADOS
Las contestaciones no se hicieron esperar. Poco a poco todas las emisoras de aficionados, que tantos y tantos servicios han prestado, prestan y prestarán a la humanidad, fueron dejando la banda libre; sus conversaciones particulares quedaron a un lado para dar paso a la unánime noticia: Hay que salvar la vida de un chico granadino. Hace falta “Sarcomycin”... Y así, horas y horas, transmitiendo todos en red.
 El señor  López Font estableció enlace con un colega francés. Poco después este francés lograba establecer contacto con Rusia, a donde fue, también, cursada la angustiosa petición.
Y así, minuto a minuto, las llamadas fueron dando su fruto.
 De todas partes llovían y siguen lloviendo, ofrecimientos, si no de ese medicamento, al menos de otros similares y, sobre todo, de dinero para adquirirlo y para costear su traslado a Granada desde donde fuese y “costase lo que costase” sin parar en cifras con más o menos ceros a la derecha. Así lo dijo un señor granadino que quiere permanecer en el incógnito
-Lo importante no es mi nombre— nos aseguró—, sino que el niño se salve.
Se recibieron llamadas desde Italia, Francia e Inglaterra, así como de Madrid, Oviedo, Zaragoza, Barcelona y otros puntos de España, todas de señores ofreciendo material. Y la caridad surgió espontanea.


Una veterana  Jodel arrancando a mano

UN RASGO GENEROSO.- 
A las doce de la noche un joven deportista granadino, muy conocido en nuestra ciudad, se presentó en la emisora. Era don Juan Espadafor Caba, piloto civil, quien se ofreció a ir con su aparato hasta donde fuese preciso para traer el medicamento, sin reparar en gastos.
Igualmente, llegaron ofrecimientos de otros señores que pusieron a disposición de la Emisora Sindical sus coches para lo que hiciese falta.
La madre del chico, Trinidad Pérez Muñoz, vendedora ambulante de quincalla, que durante todas estas horas había permanecido en la emisora, lloraba de agradecimiento y emoción al comprobar como poco a poco Iban llegando noticias esperanzadoras, y al ver el generoso desprendimiento de los granadinos y de esa familia invisible de la radio y, especialmente, de los radioaficionados de todo el mundo.



Un despegue contra el sol

LA MEDICINA
Por fin, a la una y media de la madrugada del domingo el señor Martínez Calisalvo logró comunicar con la emisora de Melilla EA9-AP, de don Alfonso Pérez Real, quien a su vez llamó a la EA9-BQ de Tetuán. Este último radioaficionado mandó establecer contacto con la CN2-BO de Tánger, no logrando enlazar.
Sin embargo, el EA9-BQ,  al no recibir contestación radiofónica de su amigo tangerino, le puso una conferencia telefónica a las dos de Ia madrugada. El señor de Tánger —cuyo nombre no ha querido revelar—, que se encontraba enfermo, al enterarse de la gravedad de la llamada, no dudó un momento en saltar de la cama, montar en su automóvil y correr hacia el domicilio del representante de una gran casa norteamericana de productos farmacéuticos a quien, pese a hora tan intempestiva, requirió para que le vendiera el medicamento expresado. Él mismo pagó la factura, que importó mil ochocientas pesetas, precio de almacén bastante reducido a juzgar de a como se vende en el mercado libre. El “Sarcomycín” está fabricado por unos laboratorios de Banyn (Japón) y su distribución mundial la efectúa una importante casa de los Estados Unidos.
Con la medicina en la mano el radioaficionado tangerino CN2-BO, conferenció con su amigo de Melilla, señor Pérez Real, quien a su vez, transmitió la grata noticia al sr. Martínez Calisalvo.
Eran las tres de la madrugada. En la emisora sindical “La Voz de Granada” no se dormía. La madre del chico era un mar de lágrimas. Y cuando llegó la nueva del hallazgo de la medicina, una inmensa emoción embargó a todos los presentes. A Dios gracias, la vida del pequeño se había salvado momentáneamente.

Jodel de vistosa librea

EL VIAJE
A las nueve de la mañana del domingo, seis horas después de saberse con seguridad que se tenían los diez frascos de “Sarcomycin”, una avioneta deportiva emprendía vuelo hacia Tánger. Iba pilotada por su propietario don Juan Espadafor Caba,  otro de los “héroes” de este episodio tan humano que se ha desarrollado en Granada.
Todas las emisoras de aficionados, comprendidas en el trayecto de la avioneta, fueron siguiendo el curso del aparato y dando noticias de su vuelo minuto a minuto.
En el aeropuerto tangerino esperaba el señor de la da CN 2-BO, quien - enfermo todavía- aguardó la llegada del señor Espadafor Cava  al que entregó personalmente los diez frascos de la medicina. Don Juan Espadafor hizo efectivo el Importe -abonado en un principio de su propio bolsillo, y después por lo recaudado en Radio Granada- y emprendió inmediatamente viaje de regreso a nuestra capital, a donde llegó a las cuatro y media. Un cuarto de hora más tarde el preciado medicamento era entregado a la madre de Juanito del Pino. La primera inyección le fue puesta por la noche y en la mañana del lunes la mejoría del enfermito era notoria. Anoche, el estado de Juanito era satisfactorio dentro de su grave enfermedad. Nuestro compañero José Luis Castillo, que lo estuvo entrevistando, lo encontró leyendo una revista infantil y de muy buen humor.

Hasta aquí, la noticia. Veamos con qué medios aeronáuticos se realizó el viaje.
A los ojos de los entendidos en aviación deportiva, hoy quedaría engrandecida aquella generosa proeza, si se piensa que en la actualidad, hay ultraligeros de cuarta generación más potentes y seguros que la avioneta empleada  –la JODEL  D-112-,  por Juan Espadafor Caba.
El modelo de este avión fue fabricado en España por la firma norteña AERO-DIFUSIÓN  S.L. en la bella población cántabra de La Albericia (Santander).

¡Disfrutando...!

UN AVIÓN DE SÓLO 65 CV.
Este popular y económico avión enseñó a volar a muchos pilotos en toda Europa, contribuyendo en gran medida a la difusión de la aviación privada en España, donde se fabricó inicialmente,  bajo patente francesa, como modelo JODEL-D.112 con motor Continental de 65 hp. 
Con el tiempo se remotorizó este modelo con un motor Continental de 90 C.V. y que ya disponía de motor de arranque, con lo que se consiguió mayor operatividad y rendimiento.

El itinerario
LA LOGÍSTICA.-
“….Pero volviendo a lo que me preguntabas sobre el vuelo a Tánger, me explicó que salió por la mañana desde Armilla hacia Málaga, donde, gracias a la gran labor de los radioaficionados, la Guardia Civil lo esperaba con toda la documentación necesaria firmada y el plan de vuelo o los permisos pertinentes para despegar hacia Tánger.
Así lo hizo, y según me explicó, dirigió el rumbo por la costa hacia Tarifa para cruzar desde allí el Estrecho y llegar hasta el aeropuerto de Tánger, donde lo esperaban con las medicinas, pues los radioaficionados, que en aquella época formaban una gran red o hermandad comunicándose por todo el mundo, lo tenían preparado todo. De ese modo no perdió tiempo, y volviendo por la misma ruta de ida, voló hacia Granada donde llegó felizmente hacia el mediodía.
Como verás, fue un tiempo record para un “cacharro” tan elemental. Por cierto, le pregunté a Juan la matrícula como pedías y me dijo que era EC-ALU, con la que hizo más de 1400 horas de vuelo antes de desprenderse de ella”.


Características y performances del  JODEL D-112
Equipada con motor Continental de 65 hp., y construida totalmente de madera con  plano mono-larguero recubierto de tela formado por una parte central rectangular y el resto dotado de dos grandes diedros marginales, que le proporcionaba una óptima estabilidad lateral y que le conferían una curiosa estampa en vuelo. Su simplicidad, economía y buen comportamiento hicieron de la D-112 una avioneta muy apta para la formación y entrenamiento de pilotos en los diferentes Aero Clubs de España, lo que no excluía sus excelentes prestaciones para su uso como avión privado.
De este modelo llegaron a fabricarse 64 ejemplares en nuestro País.


-Motor Continental 65 h.p. 
– Peso vacío 270 Kg.
-Peso total 490 kg.
–Velocidad crucero 170 km/h.
–Envergadura 8,20 m 
–Longitud 6,28 m.
-Autonomía 600 km.

Aeropuerto de Tánger

EPÍLOGO.-
Y a modo de epílogo de esta bella y humanitaria historia, diremos que el mundo aeronáutico deportivo granadino cuenta con un nuevo aeródromo civil, tras una ardua tarea de más de ocho años. Este aeródromo, y es de justicia, se le ha bautizado con el nombre de “Aeródromo Juan Espadafor
Situado en la mejor zona aeronáutica de Granada, en los llanos del Temple, exactamente en la población de Ventas de Huelma, cuenta una parcela de 250.000 m2, con una gran zona de seguridad aeronáutica  y con una pista de 1000 metros de longitud ( ampliable a 1.800 ) y 18 metros de ancho ( ampliable a 24 metros ).
Nos alegra esta importante noticia para la aeronáutica en general y especialmente para Granada, Motril y la zona de la Costa Tropical.



Potentísimo motor de las últimas series


NITO

martes, 20 de septiembre de 2016

CASTRIL Y LAS ORZAS DE ORO



Sobre el  mito del oro escondido, yo no he visto tierra más rica y que se preste tanto a la fantasía más desbocada, que la nuestra.

Ahí están los tesoros de moros, moriscos, judíos y piratas que  permanecen ocultos en montañas, cuevas, sótanos y murallas de Granada. Leyendas e historias de grandes riquezas abandonadas tras la conquista de Granada y la guerra de las Alpujarras esperando lindamente a que te topes una mañana con ellas. 


Lógicamente esto no es exclusivo de Granada y sus pueblos. Ni siquiera de nuestra geografía hispana.  Los Antecedentes más remotos que conozco sobre el mito del oro escondido los encontré en “Las Metamorfosis”  de Apuleyo, que, según Agustín de Hipona, se conocía como El asno de oro (Asinus aureus)  que, por cierto, es la única novela latina completa que se ha podido hallar. Fue escrita en el siglo II d. C., y que acaso, tampoco era original, porque  era a su vez, una adaptación de un original griego.


Para remediar el caso y calentarnos más los sesos, viene  Morayma, la esposa de Boabdil, y esconde sus más preciadas pertenencias en los alrededores del castillo de Mondújar. Poco antes su suegro, Muley Hacén, mandó buscar tres diamantes negros escondidos por Alhamar, en grutas de las altas cumbres de Sierra Nevada, mientras Aixa, su esposa despechada, dejó su ajuar en los muros del castillo de Salobreña, y años más tarde, con la expulsión de los moriscos y judíos, los cerros de Granada, la Alpujarra y tierras del noreste y del poniente, se llenaron de recónditos escondrijos en los que ocultaron orzas repletas de monedas de oro y piedras preciosas que aún esperan a ser recuperadas cuando, algún día, las familias vuelvan de su destierro centenario.



En esta ocasión vamos a relatar una leyenda que nace, al parecer, en Castril, aunque se podría haber atribuido a cualquier pueblo de la zona.
Situada en la zona más suroccidental de la comarca de Huéscar y reubicado en las faldas de un gran peñasco se encuentra Castril (de la Peña). Los romanos fueron los primeros que la utilizaron como protección en un campamento militar que con el paso del tiempo se convirtió en villa. De hecho, su nombre podría derivarse del término latino “Castrum”, campamento.
De paisajes espectaculares, es su sierra uno de los referentes más atractivos para los amantes del senderismo, con rutas de belleza singular que sumergen al viajero en una naturaleza ancestral. La visita a este precioso pueblo fue un verdadero placer. En el pueblo, de calles serpenteantes y casas encaladas, me condujeron a la iglesia de Nuestra Sra. de los Ángeles, que me facilitó la entrada a través de la Puerta del Sol al castillo de la Villa, una fortaleza mítica en un paraje extraordinario.



La leyenda de Castril y las orzas de oro.

 Así nos lo narra  J. Manuel Fernández Martín en sus “Leyendas de nuestros pueblos, Libro III”.

"Evaristo era un colono de los que siempre se quejaba por todo: del tiempo, de la tierra, de poco dinero que ganaba, pero sobre todo de la casa que le había tocado en el reparto que del suelo hizo el señor de Zafra; siempre decía: “la más vieja y destartalada me tocó porque algunos han hecho trampa en el sorteo”. No sólo se quejaba de su mala estrella sino que también, para colmo de males, era tacaño y avaricioso. Todo lo que ganaba como talabartero arreglando alpargatas, espuertas o correajes de cuero, lo tenía a buen recaudo, gastando lo sucinto para ir tirando, pues su intención era derribar aquella vieja casa que le había tocado en suerte y sobre sus cimientos, hacer una nueva con todas las comodidades.

Un día de frio invierno apareció por el pueblo un viejo ciego con un lazarillo de doce o trece años que se buscaban la vida cantando romances de las gestas que los poderosos realizaron en la guerra de Granada. En la plaza del pueblo donde se unían las calles baja y alta había un gran olivo que le servía de apoyo a los dibujos que acompañaban el romance, mientras el zagal pasaba una escudilla a los espectadores que soltaban,con alguna dificultad, unos pocos maravedíes para sustento del trovador y acompañante. Esa mañana estuvo floja de recaudación y decidieron abandonar el pueblo al día siguiente. Antes de partir para Huéscar, el viejo ciego Ramón se acercó al taller de Evaristo para que le arreglara las albarcas que de tantas leguas andadas sus suelas se convirtieron en dos láminas tan finas como el pellejo de una breva.



-Buen día nos de Dios. –dijo el viejo ciego, tanteando con su callado el quicio de la puerta. –Evaristo los miró con desdén y dijo: -¿qué quieres viejo? Aquí no hay nada que te pueda dar.
-No vengo a pedir sino a dar, según me han informado en el pueblo, usted arregla las alpargatas y mire como tengo las mías.
-Los arreglos valen dinero… ¿Tienes para pagarme?
-Por eso no se preocupe, la mañana ha sido buena y el señor de Castril le ha gustado el romance que le he cantado de sus antepasados y mire usted con lo que me ha recompensado. Mostrando una bolsa de doblones de oro que puso los ojos del talabartero tan abiertos como dos espuertas. “Con aquella bolsa podría arreglar su casa y algo más”, pensó el rufián.
-Siendo así no hay problema, sólo tiene que esperar un poco aquí sentado mientras yo le arregló las suelas, pero antes voy a mandar a su zagal a por un cuartillo de vino para que nos caliente un poco, pues aquí hace un frió de mi diablos.
-Así se deshizo del muchacho con el único fin de darle el cambiazo a la bolsa del ciego por otra llena de arandelas metálicas que utilizaba en el taller para sus trabajos. Todo fue a la perfección y al poco rato las alpargatas estaban listas y el ciego en la puerta le preguntó cuánto le debía.
-Por esta vez le voy a regalar el trabajo, bastante tiene con el ir de aquí para allá con este tiempo.
-Pues lo dicho, amigo talabartero. -Le dijo cogiéndolo con una mano huesuda y ojos velados, mirándole directamente a la cara.
-La fortuna te sonreirá y pasará por aquí, más como el agua que llega la acequia, tu estrella seguirá sin que tú lo sepas.-Después dieron media vuelta, cruzaron la acequia y se perdieron entre los huertos de la vega.


Aquellas palabras dejaron desconcertado a Evaristo que pronto recuperó el ánimo al sentir la bolsa del viejo en su jubón. No tardó mucho en comenzar las obras de la casa y cuál fue su sorpresa cuando encontró dos orzas de barro de mediano tamaño, enterradas en el suelo de la casa cubiertas de una especie de sustancia pestilente que le revolvió el estómago. Pensando que sería alguna pócina de los moros para embrujar la casa, pensó en verter el contenido en la acequia y después de romper las vasijas para que no quedara rastro de ellas. Y así fue como, entrada la noche y con gran esfuerzo arrastró las orzas hasta el filo de la acequia y con un pañuelo en la nariz de vertió el contenido en el agua girando la cabeza para no oler el nauseabundo contenido.


A la mañana siguiente, cuando regresó a la obra de su casa, pudo ver el revuelo que se había formado en la acequia, pues casi todo el pueblo estaba afanado en recoger un polvo amarillo del fondo del canal. Al acercarse sus ojos no podían dar crédito a lo que estaba viendo, ¡toda la acequia estaba cubierta de una fina capa de oro en polvo que partía desde donde él había vaciado las orzas! Se maldigo mil veces por no haber mirado bien el contenido de las orzas y pensando que debía de haber más escondidas en la casa, destruyó toda la obra nueva y la vieja buscando el oro. Cuando terminó se encontró sin oro, ni dinero… ni casa. Y como dijo el gran filósofo: “El codicioso siempre encuentra la horma de su avaricia en la decisión de sus actos”. 



NITO