martes, 17 de noviembre de 2009

VIGÍAS DE LA COSTA

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Quiero haceros hoy una aproximación muy ligera, del antiquísimo sistema defensivo de la costa de La Herradura. Me refiero, naturalmente, a las dos torres vigías que coronan los dos promontorios de la Bahía. Dejamos para otra ocasión su pequeño Fuerte, denominado aquí castillo y que fue el embrión y origen del poblado.

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Último cuadro de Mª Lourdes

La primera de ellas, ubicada en la Punta de la Mona, sobre un entrante a 123 mts. de cota, recibiendo otros nombres como de la Rábita o de los Berengueles. Desde ella se divisa la costa oriental de Málaga, a poniente, y hasta el Cabo Sacratif, a levante.

Fue construida en el s. XVIII, teniendo forma troncocónica, con una altura de 11 metros y techumbre esférica. Presenta dos cámaras. La superior tiene la puerta de acceso orientada al norte y una ventana que da a mediodía -sur- La cámara inferior tiene cuatro aspilleras que miran a los puntos cardinales. Es de mampostería con piedra caliza y mortero de cal. El cuerpo hasta el suelo de la primera cámara es macizo.

antes de ser faro

En este lugar hubo una rábita musulmana, con torre y recinto amurallado, y se utilizó tal como estaba, con tres torreros, hasta el siglo XVIII en que debido a su conservación y a la reordenación de la defensa de la costa se realizó la actual construcción. Ya a mediados del siglo XIX fue abandonada debido a que su función era obsoleta y ocupada ocasionalmente por carabineros.

La función principal de este recinto era de vigía, no llegó a tener artillería, aunque en diversos informes se aconseja disponer de algunas piezas artilleras para cubrir el fuego, con la Torre de San Cristóbal a levante y para defender La Herradura a poniente.

Otros historiadores nos dicen: La atalaya de la Punta de la Mona es una de las más recientes de la zona, ya que se levantó a finales de la década de 1760, aunque sobre los restos de una antigua torre de época nazarí. Al igual que la de Cerro Gordo fue artillada, pues al peligro de los desembarcos procedentes del Magreb se sumaba la necesidad de reducir el intenso contrabando de tabaco –entre otras mercancías– que tenía lugar en la bahía herradureña. Además de esta ensenada, permitía vigilar las de Calaiza y Las Maravillas, todas ubicadas en sus inmediaciones. En el año 1990 fue restaurada para transformarla en un faro de balizamiento de la costa, reforma que le ha hecho perder en buena medida su carácter monumental.

Faro-1963 (Large)

Atalaya convertida en faro de situación en 1993

La otra torre vigía, de Cerro Gordo se alza majestuosa a pesar de sus más de 400 años de vida y sus numerosos avatares históricos. Que ya en 1501 la Provisión de los Reyes Católicos sobre la defensa de la costa del Reino de Granada decía al respecto: «... En el peñón de la Herradura a de aver tres guardas que ganen de veinte e cinco maravedís cada día». Si bien los historiadores sitúan la erección de la torre a finales del Siglo XVI.

Se trata de una típica atalaya cilíndrica construida en mampostería con piedra caliza de la zona y mortero de cal, cuyos desperfectos han sido subsanados no hace mucho tiempo. Afianzada directamente en la roca del terreno, presenta la habitual puerta-ventana por donde los torreros accedían mediante escalas, retiradas luego para que nadie más entrara en su interior.

Y así, día y noche controlaban el paso de barcos y naves y advertían de la posible llegada de piratas berberiscos a la costa mediante un sistema de señales de humo por la mañana y de fuego por la noche comunicándose, a levante, con la Punta de la Mona y, a poniente, con la torre del Cañuelo, actualmente en el municipio de Nerja.

Al mismo tiempo, entresaco unos recortes de las antiguas crónicas, tomadas de la magnífica obra de M. Simón Mateos Rivas, hijo de estos pagos.

Las torres atalayas, de construcción morisca, fueron replanteadas en el reinado de Carlos III y convertidas en verdadero telégrafo de humo de día o luz en llamas en la noche, que transmitían la alerta de “Hay moros en la costa”, y ponía en movimiento tanto las defensas locales con sus fortalezas centrales de Salobreña y el Castillo de San Miguel de Almuñécar, como el envío de refuerzos.

A esta época, y para dotar de buen servicio a las torres de La Herradura, muy especialmente la ubicada en la Punta de la Mona, el Rey europeo, mandó venir de sus antiguos dominios italianos, a una familia de expertos torreros los Garzolio; que fueron los iniciadores de lo que más tarde sería La Herradura, todavía hoy existe el aljibe junto a la Torre de la Punta de la Mona, para el suministro de agua a aquélla familia italiana.

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La atalaya de la P. de la Mona antes de ser faro

Por otra parte, el Almirante Tofiño, gran científico del siglo de la luces, al describir estas costas de su Descripción de las costas de Europa y África, y al referirse a la Herradura dice:

“ Desde Nerja corre un pedazo de costa alta y escarpada, haciendo un poco de ensenada al Este ¼ S.E. distancia poco más de cinco millas, donde está la Herradura: esta es una ensenada, cuyas puntas corren E.19º S. y al contrario, siendo de bastante altura y con una Torre de vigía en cada una de ellas. A la parte del O. llaman Punta de Cerro Redondo, y a la del E., de las Monas; distantes entre sí una milla y 2/3, y hasta el fondo de la ensenada dónde hay un castillo situado en la playa, una y un cuartos millas. Este fondeadero es peligroso particularmente en invierno; pues aunque arrimadas a dichas puntas hay abrigo del Levante y el Poniente, respectivamente, sí los vientos saltan al opuesto del que se estaba abrigado, no hay rebazadero y han sucedido repetidas de gracias, por lo que en semejantes casos, es necesario dexarse ir al fondo de la ensenada para a todo evento poder salvar las vidas en la Playa, que sólo en este paraje las hay, pues todo lo demás es costa de Peñascos escarpados al mar. Se puede proveer de agua buena en un pozo abundante que está en el propio Castillo, única población que hay en esta ensenada. Doblada la Punta de la Mona, hace la costa una ensenada llamada a los Berengueles. Toda esta costa es alta, con algunos pedazos de playa sin ninguna población; puede abrigar de los vientos del O. un crecido número de embarcaciones de todos portes.

El mejor fondeadero es en 15 u 17 brazas arena, de modo que demore la Punta la Mona al S.E. 1/4 y al E. de una isla pequeña de mediana altura llamada del Peñón de las Cavallas, que está en la playuela en lo más al N.E. de la ensenada, por ser este paraje más limpio, pues en todo lo demás hay algunas ratones en el fondo. Los vientos este y sureste, engrosan mucho la mar, y como son los más frecuentes en estos parajes, hacen poco apreciable este fondeadero”.

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La Punta de la Mona desde Cerro Gordo

NITO

2 comentarios:

Antonio Montufo Gutierrez dijo...

Muy interesante y muy bien documentado el artículo y para mí en especial con mucho cariño por ilustrarlo con el cuadro de Mary Lourdes en el que tñu tienes mucho protagonismo al apoyarla en la pintura. Gracias amigo

Manuel Espadafor dijo...

Buena lección de historia y bien trabajado el artículo, acompañado por esa bella pintura de Mary Lourdes llena de dulzura y tierna candidez